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Lo peor de los dos mundos

 

Hace un mes Zhang Hongbing reveló que durante la Revolución Cultural China su madre fue asesinada después que él mismo la denunció por contrarevolucionaria. Hoy está arrepentido y promueve el caso para que esta catástrofe nunca más vuelva a repetirse.

¿Aprendió China la lección del trágico capítulo de la Revolución Cultural? Al parecer, está lejos de hacerlo. Todavía hay campos de trabajo para disidentes. Meses atrás encerraron durante 18 meses en uno de ellos a Tang Hui, la madre de una adolescente secuestrada y violada tras ser sometida como esclava sexual. En un caso similar al de Marita Verón, la joven tucumana de 23 años, víctima de la trata de personas y la prostitución forzada, la madre denunció connivencia de la policía y fue enviada a un campo de trabajo del que se la liberó gracias a la presión popular expresada en una red social que funciona solo en China, ya que Facebook y Twitter están prohibidos.

Para que no se divulgue información que lo perjudica, el gobierno chino censura en Google las búsquedas que se realicen con el nombre del vicepresidente. El gesto conserva un aire de familia con las iniciativas del emperador chino Shih Huan Ti, que en el siglo IIIAC quemó los libros anteriores a su gobierno porque la oposición los invocaba para alabar a los antiguos gobernantes.

Las calles de China no se diferencian hoy de las de otros países capitalistas. Es uno de los diez mercados de consumo más grandes del mundo y el segundo consumidor de artículos de lujo, por debajo de Japón. Los vendedores se desesperan por obtener dinero a cambio de baratijas, y algunos habitantes de las grandes ciudades revuelven la basura en busca de lo que a los demás ya no les sirve.

Según un estudio del Banco Mundial, en China hay 300 millones de pobres. La reintroducción del sistema de mercado pronunció la desigualdad. Los trabajadores siguen siendo explotados y hay 960.000 millonarios que tienen más de diez millones de yuan cada uno.

China ofrece en la actualidad lo peor de los dos mundos. De los “socialismos realmente existentes”, el miedo a la libertad de pensamiento y la violación de los derechos civiles. De la economía de mercado, la obsesión por el consumo y por las cirugías estéticas, la pobreza y el desorden ecológico, del que el automóvil es uno de los principales responsables. Desdeña así muchos de los ideales de su propia cultura: la humildad, la compasión, la paciencia, la perseverancia, la comprensión, la dignidad y la sabiduría. Una búsqueda que no solo sugiere qué se debería hacer sino también qué se debería ignorar por el propio bien y por el bien de los demás.