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La mujer en Marruecos y en otros países musulmanes

 

  ¿Existe la amistad entre el hombre y la mujer? En Marruecos la respuesta es sencilla: no. Está prohibido por ley que una mujer y un hombre que no son familiares caminen juntos. La mujer debe llegar virgen al matrimonio y con frecuencia solo puede salir con un hombre después de comprometerse con él. La ley prohibe a un marroquí (hombre o mujer) compartir una habitación de hotel con un extranjero con el que no está casado. Como señalé anteriormente, las mujeres no se sientan en los bares si no están acompañadas por un hombre y no caminan solas por la calle. Deberíamos ayudar a las marroquíes con una delegación de extranjeras vestidas como locales que se sienten solas en los bares. Es una injusticia que no puedan descansar allí después de una larga caminata.

   En Arabia Saudita está prohibido que conduzcan autos y en Irán hombres y mujeres se sientan por separado en los micros, aun cuando sean marido y mujer. La organización palestina Hamás promovió una ley por la que las viudas pierden la custodia de sus hijos varones de 9 años y de sus hijas mujeres de 11 si se vuelven a casar. Las mujeres tienen más dificultades de las muchas que padecen para conseguir trabajo si no usan hijab (el pañuelo en la cabeza) y si no pertenecen a ciertos grupos políticos. Tampoco pueden levantar la voz en lugares públicos ni conducir motos.

   El Islam llegó a Marruecos en el año 622, cuando las mujeres eran esclavas al servicio del deseo del varón. Por entonces recibieron tres derechos: 1) vivir 2) ser honradas 3) ser respetadas como madres. Hasta que se declaró la independencia de Francia, en 1956, su vida se desarrolló en el harem, que hoy es minoritario. Luego comenzaron a ir a escuelas que no focalizaban solo en el marco religioso.     

   Desde 2004 pueden divorciarse, ejercer la patria potestad, recibir la cuota alimentaria, poseer una propiedad o heredarla. Ya hay 30 mujeres en el parlamento, y el panorama promete mejorar.

   La violencia de género está a la orden del día. Un punto de inflexión fue en marzo de 2012 el suicidio de Amina Filali, una adolescente marroquí de 16 años. La habían violado y su padre, un trabajador rural con dos esposas (el 40% de los marroquíes vive en el campo), denunció al agresor. Una familia medió y le sugirió al padre de Amina que pidiera la aplicación de una vieja ley que borra la falta si el violador se casa con su víctima. El padre accedió y Amina fue a vivir con la familia de él, que la trataba como una prostituta, propiciadora de la violación. Trató de volver a su casa, pero su padre se negó a recibirla. En marzo de 2012 Amina ingirió veneno para ratas, y cuando Mustafá, su marido, la llevó al hospital, ya era tarde. Hoy es la bandera en la lucha contra la segregación de la mujer, que todavía, aunque por suerte cada vez menos, sigue siendo, tal como sugería John Lennon, el negro del mundo.